Sin pena ni gloria, y quizás con más penas que
gloria, dados los números y sus más recientes performances, el Mercosur
conmemoró esta semana su 25 aniversario, en acto celebrado en su sede
en Montevideo (Uruguay).
Una reunión
formal, pautada por dos hechos: la prudencia respecto a lo que pasa en
Brasil, y la protesta de los diputados opositores venezolanos en el
Parlasur que enarbolaron carteles contra el gobierno de Nicolás Maduro:
“En Venezuela se violan los DD HH”, “¡250.000 muertos en 16 años de
gobierno!”, “Libertad de los presos políticos”, “En Venezuela hay
escasez de alimentos”.Tal lo que decían algunas de las pancartas.
Respecto
a lo de Brasil, prudencia, mucha prudencia, y silencios. Nada para
sorprender, por otra parte; aun teniendo en cuenta el antecedente con
Paraguay cuando el Mercosur actuó tan expeditivamente. Lo que pasa es
que en aquella ocasión el que movía los hilos era Brasil y ahora es
diferente. ¿O no?
Rodolfo Nin Novoa,
canciller de Uruguay, que ejerce la presidencia pro témpore, al
referirse al tema específico dijo: “Al respecto (‘la situación
institucional que atraviesa la hermana República Federativa del Brasil?)
no debemos olvidar que el Mercosur debe ser garante del respeto de las
instituciones democráticas de los países que lo conformamos. Y que la
justicia, la legalidad y la legitimidad deben estar por encima de
posicionamientos políticos”. Como se ve, amagó para un lado y para el
otro pero no pateó al arco. Ni una cosa ni la otra, sino todo lo
contrario.
El presidente uruguayo, Tabaré
Vázquez, se ubicó junto a los diputados oficialistas brasileños, lo que
molestó a los de la oposición. Pero no pasó de ese gesto. El canciller
brasileño, Mauro Viera, repitió mucho “democracia”, pera nada directo
con la cuestión. El canciller paraguayo, Eladio Loizaga, y el
vicecanciller de Argentina, Carlos Fradori, obviaron el tema. Sí hizo
una pequeña referencia Alexander Yáñez, vicecanciller de Venezuela,
quien expresó “que no se puede desconocer el poder dado por el pueblo” a
Dilma, pero pasó algo inadvertida: llamaban más la atención los citados
carteles de los parlamentarios opositores venezolanos.
Por
supuesto, nadie se refirió, ni de cerca, a esa protesta. Es notorio que
el Mercosur no va a tomar ninguna medida contra Venezuela, cuyo ingreso
al organismo fue por una puerta del costado –tras el atropello y
suspensión de Paraguay– y violando los principios y el compromiso
democrático que rigen a la institución (Protocolo de Ushuaia), e incluso
sin cumplir con otra serie de obligaciones.
Ciertamente
los silencios y la complicidad respecto a lo que sucede en Venezuela,
incluido el papa Francisco, tan locuaz ante otras situaciones, no
termina de asombrar.
Puede que ahora la
OEA, con el nuevo secretario general, Luis Almagro, encare el tema y
desempolve la Carta Democrática Interamericana. Hay disposición para
ello, a diferencia de lo que pasaba durante la gestión del chileno José
Miguel Insulza, pero se está a la espera de un planteo formal que ha
anunciado que hará la Asamblea Nacional Legislativa venezolana, para que
el tema pase al Consejo.
La Secretaría no puede actuar de oficio y tiene que haber un pedido de los miembros (gobiernos).
Sin
duda, se trata de una limitación de la que, junto con la actitud
“prescindente” de muchos miembros, se han valido los gobiernos
bolivarianos de Chávez y Maduro.
Y aquí
cabe la pregunta de por qué no lo pueden plantear la Comisión de
Derechos Humanos de la OEA o la Corte Interamericana, que han emitido
declaraciones, informes o dictámenes claramente condenatorios contra el
gobierno venezolano, que no dejan dudas sobre la existencia de
violaciones de los principios de la Carta.
El
hecho es que, por ahora y mientras los venezolanos sufren, el gobierno
de Maduro sigue beneficiándose de esas formalidades, de las
“prescindencias” y de la complicidad de sus socios y “correligionarios
progresistas”.
FUENTE: EL NACIONAL 28 de abril 2016
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